"El Código da Vinci" presenta a la Iglesia como una gran mentira y al Opus Dei como criminal

 

El «best seller» de Dan Brown es un «thriller» esotérico lleno de errores históricos infundados

 

«El Código da Vinci», del americano Dan Brown, se ha convertido ya en un fenómeno de masas. Con más de 30 millones de ejemplares vendidos, esta novela de ficción llena de errores y despropósitos históricos se ha aupado en poco tiempo a lo más alto de las listas de ventas en todo el mundo. En la novela, en la que se descifra una presunta simbología secreta en la pintura de Leonardo da Vinci, se mantiene que la doctrina fundamental de la Iglesia es una gran mentira, que Jesucristo no es Dios y se retrata al Opus Dei como una organización destructiva dispuesta al asesinato.



Por Mar Velasco -Madrid.- La Razón C/Josefa Valcárcel 42, 28027 Madrid (España)

 

Probablemente, lo mejor que se puede decir a propósito de «El Código da Vinci» es lo que la escritora Cinthya Grenier escribió en el Weekly Standard: «Por favor, que alguien le dé a este hombre y a sus editores unas clases básicas sobre la historia del cristianismo, y un mapa...».
El «Código da Vinci», «best seller» del año en medio mundo (sólo en España ha vendido más de trescientos mil ejemplares en apenas dos meses), ha resultado ser una colección de disparates históricos sin fundamento; un texto lleno de tópicos, elementos simbólicos y religiosos que, eso sí, se deja leer muy bien. No en vano, lo primero que llama la atención del libro es su edición diáfana, un texto lleno de espacios, cómodo y atractivo a primera vista para el lector.
El argumento comienza con el asesinato de un conservador del museo de Louvre. Antes de morir, consigue dejar una serie de pistas extrañas. Su nieta Sophie y un investigador americano descubren que el asesinado (su abuelo) trataba de dejar un mensaje, no sobre su asesino, sino acerca de un gran secreto. El abuelo formaba parte de una sociedad secreta llamada «El Priorato de Sión», que durante muchos años se encargó de custodiar este secreto, cuya revelación supondría una amenaza para la base conceptual de la humanidad. Este secreto, que la Iglesia católica llevaría siglos esforzándose por ocultar, es que Jesús estuvo casado con María Magdalena, y que ella estaba embarazada cuando Él fue crucificado. Los descendientes de aquella hija ¬porque fue niña¬ aún sobreviven y se mantienen protegidos por el «Priorato», que son los guardianes de la verdadera fe en Jesús y María Magdalena, basada en la teoría del «sagrado femenino». La novela es una trepidante carrera para encontrar el Grial, entendiendo por «Grial» los restos de María Magdalena. Alguien ha comparado el final con el de una película que se ha quedado sin presupuesto.
Esto es, en resumidas cuentas, «El Código da Vinci», por lo demás, aliñado con recurrentes teorías esotéricas y gnósticas y unos cuantos personajes macabros, como el monje albino del Opus Dei ¬por lo visto nadie le explicó al autor que en el Opus Dei no hay monjes¬, un hombre que no vacila a la hora de matar.
Las excentricidades se mezclan con multitud de datos erróneos, que tanto la crítica como el público no ha tardado en reconocer: desde afirmaciones escritas desde la más absoluta ignorancia histórica (los Juegos Olímpicos de la antigüedad se celebraban en honor de Zeus, no de Afrodita; el Papa Clemente V no eliminó a los templarios en un plan maquiavélico ni pudo echar sus cenizas al Tíber, entre otras cosas porque vivía en Aviñón), hasta la osadía de dar referencias geográficas que no se corresponden con la realidad (el recorrido en coche por las calles de París es imposible), pasando por ataques directos y poco originales a la figura de Cristo y a la doctrina católica.

Jesús no es Dios

Para Brown, Jesús no es Dios, sino que el emperador Constantino lo deificó en el Concilio de Nicea del año 325. Como señala el crítico Pablo J. Ginés, «un repaso a los evangelios canónicos, escritos casi 250 años antes del Concilio de Nicea, muestra unas cuarenta menciones a Jesús como Hijo de Dios». El crítico del diario El País, F. Casavella, ha escrito al respecto: «Es el bodrio más grande que este lector ha tenido entre las manos desde las novelas de quiosco de los años 60. No puedo dejar de felicitar a las editoriales de todo el mundo que en su día rechazaron la publicación de esta infamia y ahora no se arrepienten. Es la demostración de un resto de dignidad, no sólo en el mundo editorial, sino en el sistema mercantil». Una vez más se demuestra que para captar el interés general no encuentran más remedio que acudir a la religión y a la incombustible figura de Cristo.