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Comentarios a la Instrucción "Doctrina et exemplo"

(Sagrada Congregación de Seminarios y Universidades,

25 de diciembre de 1965)

La Liturgia Tradicional y la Educación

en los Seminarios

(Extracto y comentarios basados en la obra "Vademécum de la Música Sagrada",

del padre Enrique Lombardi, Ediciones del Cruzamante, Buenos Aires, 1986)

n documento de grave interés y que se refiere al modo exigido para la enseñanza y práctica de la Liturgia y la Música en los Seminarios, es la desconocida Instrucción "Doctrina et Exemplo", dada al mundo el día de la Navidad de 1965 por la Sagrada Congregación de Seminarios y Universidades. Aún no llegamos a comprender por qué razón esta Instrucción quedó "como archivada"; hallando publicidad tan sólo en la revista "Seminarium", número 1, de enero–febrero de 1966, página 37 y siguientes. Como luego mostraremos con más precisión, está dotada de entera vigencia y, por ello, es aplicable a la Liturgia en general y en lo que a ella concierne, según se desprende de sus conceptos y contexto. Como es nuestro declarado propósito ofrecer a nuestros lectores la documentación auténtica de la Santa Iglesia sobre la Santa Misa –tal como se viene haciendo desde el número 1– y sobre la Sagrada Liturgia –terreno más amplio aún, dentro del cual está incorporado el de nuestra atención principal– transcribiremos algunos párrafos interesantes de esta Instrucción y de los comentarios que ha merecido al autor del libro, aunque advirtiendo que el esfuerzo del Padre Lombardi ha sido dirigido con predilección a la Música Sagrada, probando en este campo una erudición y un constante amor a la Iglesia de Cristo que jamás se ha desmentido. Dentro de la Música Sagrada, se dirige al Canto Gregoriano, al cual define como, por antonomasia, el canto sagrado de la Iglesia Latina.

Hemos creído ver transparentada en estos documentos, que cita y ocasionalmente transcribe, la unidad indisoluble y proporcionada que existe entre la Misa Latina y el canto gregoriano, y que es tan característica de la Sagrada Liturgia en la plenitud de su belleza; y también –nos lo ha parecido ver– que el género humano habrá podido ofrecer así, a su Creador y a su Divino Hijo, las más altas primicias de lo creado.

Pero vayamos a la Instrucción.

Del capítulo I, "Del fomento de la vida litúrgica en el Seminario" , § 15: «La lengua de la liturgia, de la Misa y del Oficio, en los Seminarios será la Latina, que es la lengua de la Iglesia Latina y cuyo conocimiento se requiere de todos los clérigos (CC., nº 36, 1 et 101, 1). Con todo, será oportuno usar la lengua vernácula determinados días (v. g. una vez por semana) en la celebración de la Misa –es decir, en la medida que es permitida en cada región por la legítima autoridad y confirmada por la Santa Sede– para que los clérigos se preparen bien a los ritos, que en la lengua vernácula tendrán ellos que celebrar en las parroquias. El uso, pues, de la lengua vernácula nunca debe convertirse en norma general, en detrimento de la lengua Latina. La Iglesia, efectivamente, al conceder el uso de la lengua vernácula, no quiere por eso que los clérigos se consideren eximidos de recurrir a las mismas fuentes, ni que descuiden de ningún modo en su preparación al sacerdocio, la lengua común de la Iglesia latina».

Posteriormente, la Santa Sede, por medio de la Instrucción "Musicam Sacram", de 5 de marzo de 1967, nº 49, ratificó la observancia de la Instrucción "Doctrina et exemplo", en lo que se refiere al uso de la lengua latina en las celebraciones litúrgicas en los Seminarios y, naturalmente, a la música sacra.

No obstante y así las cosas, el Padre Lombardi consideró conveniente consultar epistolarmente sobre el vigor legal de estas Instrucciones a S. E. R. Cardenal Baum, por entonces Prefecto de

"El uso de la lengua vernácula nunca debe convertirse

en norma general, en detrimento de la lengua Latina"

 

 

la Sagrada Congregación para la Educación Católica, obteniendo de este modo una respuesta que, por su reconfortante integridad y la paternal solicitud que exhibe, nos ha parecido de extraordinario interés copiar, tal como la hallamos en el libro:

«Roma, 25 de septiembre de 1984. Prot. N. 896/84/3.– Reverendo Padre: En cuanto a las consultas formuladas por v. paternidad en su carta de 15 de agosto último, sin perjuicio de la autoridad que a tenor del cán. 838, 4, compete en esta materia al Obispo diocesano, nos permitimos citar nuestra "Instrucción sobre la formación litúrgica en los Seminarios", Roma 1979, n. 13, 19, 23, 29, 56–58 y, en el Índice de Temas que convendrá tratar en la enseñanza de la Liturgia en los Seminarios, los números 16 y 18. Por su mayor atingencia, citamos por extenso el número 19 de la Instrucción: "Es particularmente útil para los alumnos familiarizarse con la lengua latina y con el canto gregoriano. Ciertamente, no sólo debe mantenerse para los fieles esta posibilidad, prevista en el Concilio Vaticano II, de rezar y cantar comunitariamente en latín en las grandes asambleas, sino que conviene que los futuros sacerdotes se inserten más hondamente en la tradición de la Iglesia orante, y conozcan el sentido genuino de los textos sepan por lo mismo, explicar las traducciones a las lenguas modernas, confrontándolas con el texto original". Agradeciendo a v. paternidad sus desvelos por el esplendor y la dignidad del culto debido a Dios e implorando para Ud. la constante protección de la Madre de Dios, aprovecho con gusto la ocasión para confirmarme con sentimientos de profunda estima. de Va. Paternidad Revma. devmo. en el Señor Jesús».

Aunque el autor consultado no lo refiere, creemos posible que la necesidad de la consulta haya partido de una situación de ignorancia de hecho del contenido de la Instrucción, conocida por el oficio parroquial y docente que ha desarrollado el P. Lombardi en la arquidiócesis bonaerense de La Plata.

Y es que, como se ve, la clara intención del Magisterio supremo de la Iglesia ha sido, desde siempre, propender y facilitar el mantenimiento del ritual del que se habla siempre con notoria predilección, y que es el latino romano; pero, además, mostrándose una preocupación intensa para que se hiciera un uso constante de él, en y para la enseñanza y la formación de los cristianos y, en especial, la de los futuros sacerdotes. Pero en todo caso, guardándose el consejo primordial de que, en principio y como da a entender la carta transcripta, siempre se ha entendido que era un derecho inalienable de los fieles el mantenerlo y obtenerlo cuando lo pidiesen.

T R

Creemos que con la publicación de estos y otros textos semejantes, se comunicará mayor inteligibilidad y comprensión a la permanente postura que ha sostenido la Santa Iglesia respecto de la Misa Latina y, por extensión necesaria, a la de aquellos que deseamos mantener vivo el interés por la Liturgia Tradicional; y más aún: que, como prueban el motu propio "Ecclesia Dei" y las palabras de nuestro Santo Padre en ocasión del Xº aniversario de su publicación, todos los cristianos somos, en cierto modo, acreedores de su debida restauración. La que, como no cabe esperar pueda ser de otro modo, presentimos pronta y esplendorosa en su sin igual sencillez y belleza, de epifanía perpetua del Señor.

Luis M. Seligmann


Nuestro agradecimiento a MISA LATINA, Boletín pro-litúrgia romana tradicional publicado en Argentina.

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