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Carta Apostólica Motu Proprio Dada

Juan Pablo II


por la cual se instituye una Comisión para facilitar la plena comunión eclesial de los mienbros de la Fraternidad Sacerdotal de San Pio X y de las personas a ella vinculadas.


JUAN PABLO II

1. La Iglesia de Dios, afligida, ha tenido conocimiento de las ilegítimas ordenaciones episcopales conferidas por el Arzobispo Marcel Lefebvre el dia 30 de junio, resultando, pues, vanos todos los intentos de los últimos años para salvar la comunión eclesial de la Fraternidad Sacerdotal de San Pio X, fundada por el mismo Reverendisimo Monseñor Lefevbre. De esta manera, para nada han servido tales esfuerzos (que se hacian cada vez más fervientes en los meses precedentes), con los que la Sede Apostólica daba muestras de paciencia y de una indulgencia ciertamente mayor de la debida1


2.- Esta aflicción es, en verdad, particularmente sentida por el Sucesor de San Pedro (que es, sin duda, el primero a quien compete la tutela de la unidad de la Iglesia2), aunque sea exiguo el número de aquellos que por causa de lo acontecido se han apartado del recto camino, puesto que cada uno de los hombres es amado de Dios por si mismo y ha sido redimido con la Sangre de Cristo derramada por la salvación de todos.


Las peculiares circunstancias, tanto objetivas como subjetivas, en las que tuvo lugar el acto del Arzobispo Lefevbre ofrecen ciertamente a todos la oportunidad de una profunda consideración sobre las cosas y de renovar el deber de fidelidad a Cristo y a Su Iglesia.


3.- Tal acto en si mismo de desobediencia al Romano Pontífice en una materia gravisima y de máxima importancia para la unidad de la Iglesia, en cuyo origen está la ordenación de obispos, en virtud de la que se mantiene sacramentalmente la sucesión apostólica. Por lo cual tal desobediencia -que conlleva un verdadero rechazo del Primado de Pedro- resulta un acto cismático3. Así pues, al realizar dicho acto, a pesar de haberles sido comunicada una advertencia pública por el Cardenal Prefecto de la Congregación de los Obispos el dia 17 de junio precedente, el Reverendisimo Monseñor Lefebvre, así como los sacerdotes Bernard Fellay, Bernard Tissier de Mallerais, Richard Williamson y Alfonso de Galarreta incurrieron en la grave pena de excomunión prevista en la disciplina ecliesiástica4


4.- La raiz de este acto cismático puede hallarse en una cierta noción imperfecta y contradictoria de la Tradición: imperfecta, ya que no toma suficientemente en consideración el carácter vivo de la misma Tradición, la cual -como enseña muy claramente el Concilio Vaticano II- derivando "de los apóstoles, progresa en la Iglesia con la asistencia del Espiritu Santo, puesto que va creciendo en la comprensión de las cosas y de las palabras transmitidas, ya por la conmemplación y el estudio de los creyentes, que las meditan en su corazón; ya por la recepción íntima que experimentan de las cosas espirituales; ya por el anuncio de aquellos que con la sucesión del episcopado recibieron el carisma cierto de la verdad" 5


Pero, además es del todo discordante aquella contradictoria noción de Tradición que se opone al Magisterio universal de la Iglesia, el cual corresponde al Obispo de Roma y al cuerpo episcopal. Nadie ciertamente puede tenerse por fiel a la Tradición si rompe los lazos y vínculos con aquel a quien Cristo encomendó, en la persona de Pedro, la unidad en Su Iglesia6


5.- Teniendo ante los ojos la acción apenas perpetrada, entendemos que es Nuestro deber hacer saber a todos los fieles algunas cosas que este triste evento plantea.

a) El resultado que, en realidad, ha tenido el reciente gesto del Obispo Lefebvre puede y debe dar a todos los fieles motivo para reflexionar clara y profundamente sobre la propia fidelidad a la tradición de la Iglesia, contenida en el Magisterio, sea ordinario como extraordinario, y propuesta principalmente por los concilios Ecuménicos, desde Niceno hasta el Vaticano II. De esta meditación debe resultar para todos, de manera reiterada y eficaz, la persuasión de que es absolutamente necesario engrandecer y aumentar esa fidelidad dejando por completo de lado las falsas interpretaciones y las arbitrarias e ilegítimas añadiduras en las cosas que atañen a la doctrina, la litúrgia y la disciplina.


Corresponde especialmente a los Obispos, por su oficio pastoral, la grave obligación de ejercer una prespicaz vigilancia llena de caridad y fortaleza, para que en todas partes sea observada esa misma fidelidad7.


Es necesario, sin embargo, que todos los pastores y los demás fieles percibian una vez más no sólo la autoridad, sino también el tesoro de la Iglesia, que descansa en la variedad de los carismas y de las cosas espirituales, así como en las distintas tradiciones del apostolado, cada una de las cuales manifestaba la belleza de la unidad en la variedad: de aquella "moderación" con la cual, por impulso del Espiritu Santo, se dirige al Cielo la Iglesia terrena.


b) Queremos, además amonestar a los teólogos y a los demás expertos en las ciencias eclesiásticas para que contribuyan con su opinión a esclarecer la cuestión en las presentes circunstancias. La amplitud y profundidad de los preceptos del Concilio Vaticano II exigen un renovado y cuidadoso estudio que ponga en claro la continuidad del Concilio con la tradición, especialmente en aquellas partes de la doctrina, que siendo quizás novedosas, aún no son bien comprendidas por algunas porciones de la Iglesia.


c) En esta coyuntura, deseamos ante todo dirigir un solemne y urgente, un paternal y fraterno llamado a todos aquellos que, de algún modo, se hallan hasta hoy relacionados con la empresa del Arzobispo Lefebvre, para que cumplan con el importante deber de adherirse al Vicario de Cristo en la unidad de la Iglesia Católica y no persistan en sostener tan irregular modo de obrar. Sepan todos que la adesión formal al cisma constituye una grave injúria a Dios, justamente castigada con la excomunión prevista en la ley de la Iglesia8.


Deseamos también manifestar a todos aquellos fieles católicos que se sienten vinculados a algunas precedentes formas litúrgicas y disciplinares de la Tradición latina Nuestra voluntad -a la cual pedimos que se asocien voluntades de los Obispos y de todos aquellos que ejercen un ministerio pastoral en la Iglesia- de facilitarles la comunión eclesial por medio de las medidas que sean necesarias para asegurar el respeto a sus aspiraciones.


6.- Considerando el momento y la multiplicidad de las cuestiones recordadas en este documento, hemos resuelto lo siguiente:


a) queda instituida una Comisión cuyo objeto será colaborar con los Obispos, los Dicasterios de la Curia Romana y los demás círculos interesados para facilitar la plena comunión eclesial de los sacerdotes, seminaristas, comunidades o religiosos individuales relacionados con la Fraternidad fundada por el Arzobispo Lefebvre, que deseen permanecer unidos al Sucesor de Pedro en la Iglesia Católica, conservando sus tradiciones espirituales y litúrgicas conforme al Protocolo del 5 de mayo ppdo., firmado por el Cardenal Ratzinger y por el Arzobispo Lefebvre.


b)consta esta Comisión de un Cardenal Presidente y otros mienbros de la Curia Romana en el número que se tenga por oportuno de acuerdo con las circunstancias;


c)además, en todas partes deberá respetarse el espiritu de aquellos que se sienten vinculados a la Tradición litúrgica latina y ello por medio de una amplia y generosa aplicación de las normas hace algún tiempo emanadas por la Sede Apostólica en lo que respecta al uso del Misal Romano según la edición típica de 19629.


7.- Al terminar este año dedicado especialmente a la Santísima Virgen, deseamos vivamente exhortar a todos a que se unan a la continua súplica que el Vicario de Cristo dirige, por intercesión de la Madre de la Iglesia, al Padre con las palabras del Hijo: Ut unum sint!.


Dado en Roma, junto a San Pedro, el segundo dia de julio del año mil novecientos ochenta y ocho, décimo de Nuestro Pontificado.


JUAN PABLO II


Notas

1 - Cfr. Nota Informativa del dia 16 de Junio de 1988 en el diario "L'Osservatore Romano" (17 de junio de 1988), pp 1-2.

2 - Cfr. Concilio Ecuménico Vaticano I, Const. Pastor aeternus, cap 3: DS 3060

3 - Cfr. Código de Derecho Canónico, can 751.

4 - Cfr. ibid, can. 1382

5 - Cfr. Concilio Ecuménico Vaticano II: Const. dogm. Dei Verbum, 8 Cfr Concilio Ecuménico Vaticano I, Const. Dei Fillius, cap 4: DS 3020

6 - Cfr. Matth XVI, 18; Luc X, 16; Concilio Ecuménico Vaticano I Const. Pastor aeternus, cap 3: DS 3060

7 - Cfr. Código de Derecho Canónico, can 386; Pablo VI: Exhortación Apost Quinque jam anni (8 de diciembre de 1970): ASS 63 (1971), pp. 97-106.

8 - Cfr Código de Derecho Canónico, can 1364

9 - Cfr. Congregación para el Culto Divino, Fp. Quattour abhinc annos: AAS 76 (1984), pp 1088 - 1089.