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ROMA ÆTERNA "UNA VOCE" |
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En una carta a la Sociedad "Ecclesia Dei" de Australia fechada
el 11 de mayo de 1990, el Cardenal Mayer declaró que los fieles tienen
ahora derecho a la Misa tradicional: "Ciertamente, ninguno tiene derecho de adquisición de un privilegio,
pero, una vez el privilegio es debidamente concedido, el sujeto tiene
realmente el derecho de beneficiarse de él (cfr. C.I.C., can. 77). En
"Quattour abhinc annos" (3 de octubre de 1984), la celebración del
Ordinario de la Misa de 1962 fue presentado como un privilegio que debía
ser solicitado a la autoridad competente (cfr. b). En "Ecclesia Dei",
sin embargo, el Romano Pontífice habló del Ordinario de la Misa de 1962
en términos de "legitimidad" (auctoritas) y "riqueza" (thesaurus) (cfr.
5, a) y calificó el deseo de celebrar y asistir a ésta Misa como una
"legítima aspiración" (appetitio) (cfr. 5, c). Así pues, lo que el
Supremo Legislador de la Iglesia concedió a los fieles es un privilegio
en el sentido canónico del término (cfr. C.I.C.. can. 76, 1). A nivel práctico, algunos obispos están yendo últimamente más allá de
la simple concesión para oficiar regularmente la Misa dominical y en
Europa y los Estados Unidos ya han establecido florecientes parroquias
donde se celebra la Misa tradicional y donde los Sacramentos son
administrados de acuerdo a los Libros litúrgicos en uso en 1962. Este es
particularmente el caso de las parroquias encomendadas a la Fraternidad
de San Pedro o al Instituto de Cristo Rey. Hay en la actualidad al menos
diez sociedades sacerdotales aprobadas por la Santa Sede y que atraen
muchas vocaciones, en las cuales jóvenes y entusiastas seminaristas se preparan
para celebrar exclusivamente en el futuro, después de su ordenación, la
Misa tradicional, lo cual garantiza que el uso de ésta se incrementará en
el próximo milenio. Muchos estudiantes en seminarios diocesanos, además,
están siendo instruidos o ellos mismos se instruyen para celebrar la Misa
tradicional y tienen la intención de hacerlo tan a menudo como sea posible
después de su ordenación. El Santo Padre ha autorizado asi mismo a los dos monasterios benedictinos
más pujantes de Francia - Fontgombault y Le Barroux - a usar de modo
exclusivo los Libros litúrgicos de 1962. Estos monasterios también están
atrayendo mumerosas vocaciones. Hay, además, comunidades monásticas
femeninas en las que solo son empleados esos mismos Libros litúrgicos. En
septiembre de 1990, el Santo Padre recibió en audiencia al Abad de Le Barroux
junto a varios de sus monjes y elogió la obra que están llevando a cabo.
En septiembre de 1995, el Cardenal Ratzinger, acompañado de Monseñor
Camille Perl, Secretario de la Pontificia Comisión "Ecclesia Dei",
visitó el monasterio y ofició de pontifical en el rito tradicional para
los monjes. Esto solo puede ser interpretado como una aprobación de su
apostolado desde el más alto nivel en la Iglesia. Cada año para Pentecostés, la Catedral de Chartres experimenta una
rebosante afluencia de más de 15.000 católicos fervientes con un promedio
de edad de veinte años, que participan en la Misa tradicional mediante el
canto gregoriano (al que el Concilio Vaticano II reconoció, por cierto,
como la norma para las misas cantadas), manifestando asi en el más alto
grado aquella activa participación querida por el Concilio. Estos jovenes
peregrinos caminan durante tres dias, durmiendo al aire libre durante la
noche. Cada año reciben un mensaje trasmisor de la bendición y el estímulo
de Su Santidad Juan Pablo II. La juventud de la asistencia es una notable
característica de muchas misas tridentinas. Un último pero importantísimo punto es que algunos obispos que se
mostraban en un principio reticentes a permitir la Misa tradicional en sus
diócesis por temor a que ello causara divisiones, se han visto animados pòr
el hecho de que ha sucedido todo lo contrario y de que el otorgamiento de
la licencia para dicha misa - particularmente en el contexto de una parroquia
en la que todos los sacramentos se celebran siguiendo los ritos preconciliares -,
lejos de provocar divisiones, las disipa, contribuyendo más bien a la
edificación de comunidades de devotos católicos leales a su obispo y a Roma.
En la carta del Cardenal Mayer a los Obispos Norteamericanos, Su Eminencia
manifiesta claramente que el hecho de que haya católicos que quieran
"asistir a celebraciones autorizadas por el Obispo de la diócesis puede
considerarse un signo de buena voluntad y de un deseo de plena comunión
eclesial". El 2 de julio de 1988, su Santidad Juan Pablo II promulgó su Motu Proprio
"Ecclesia Dei adflicta", en el cual expresaba su voluntad de garantizar el
respeto por las legítimas aspiraciones de aquellos fieles vinculados a la
Tradición litúrgica latina y, en orden a la realización de éste propósito
, establecia la Pontificia Comisión "Ecclesia Dei". El 18 de octubre del
mismo año, el Papa Juan Pablo II otorgó al Cardenal Mayer facultades especiales
para facilitar los trabajos de ésta Comisión, entre los cuales figura, en primer
lugar: "La facultad de conceder a todos los que lo soliciten (omnibus id petentibus)
el uso del Misal Romano según la edición de 1962 y en conformidad con las
normas propuestas en diciembre de 1986 por la Comisión de Cardenales
constituida con éste objeto, habiendo sido informado el obispo diocesano". Es importante notar que ésta facultad se refiere a todos los que piden el Misal
de 1962. En su calidad de Presidente de la Pontificia Comisión "Ecclesia Dei"
, el Cardenal Mayer proveyó una interpretación autorizada del Motu Proprio.
En la ya citada carta a los Obispos de los Estados Unidos de fecha 20 de
marzo de 1991, explicó que el Santo Padre: ".... dirigiendose a todos aquellos fieles católicos que se sienten
vinculados a algunas precedentes formas litúrgicas y disciplinarias de la
Tradición Latina y no solo a los antíguos adeptos del Arzobispo Lefebvre,
expresó su voluntad de garantizar el respeto hacia sus justas aspiraciones
(nº 5, c). En orden a proveer lo necesario en favor de éstos legítimos
deseos de los fieles, estableció ésta Pontificia Comisión e indicó su
intención con relación a la tarea primaria de ésta, declarando que: debe mostrarse en todas partes respeto por los sentimientos de todos
aquellos que están vinculados a la Tradición litúrgica latina, mediante una
amplia y generosa aplicación de las directivas ya hace algún tiempo
emanadas por la Santa Sede para el uso del Misal Romano conforme a la
edición típica de 1962 (nº 6, c). En consecuencia, Vuestra Excelencia, deseamos animarle a que facilite
la decorosa y reverente celebración de los ritos litúrgicos según el Misal Romano de
1962 allí donde haya un genuino deseo de ello por parte de los fieles". Se advertirá que, al citar directamente el Motu Proprio "Ecclesia Dei"
, el Cardenal Mayer se refiere a "justas aspiraciones" y "legítimos
deseos" y añade que "pareceria innecesario, incluso indebidamente
penoso, imponer otras restricciones a quienes desean asistir a tales funciones".
Muchos obispos han respondido a éstas exhortaciones de un modo muy positivo y
en la mayoria de las diócesis donde se ha planteado la cuestión no existen ya restricciones
a la celebración de la Misa tridentina. Cientos de éstas misas tienen hoy
lugar en iglesias parroquiales en Europa, Australia, Nueva Zelanda, Canadá
y Estados Unidos. Hay establecidos horarios de las mismas, con las cuales
se puede cumplir el precepto dominical y a las que cualquier fiel es
bienvenido. Incluso antes de la publicación del Motu Proprio "Ecclesia Dei",
cualquier obispo en el mundo estaba autorizado a permitir la celebración
de la Misa tridentina, el virtud del indulto contenido en el Decreto
"Quattuor abhinc annos" de 3 de octubre de 1984, aunque bien es verdad que
éste documento contenia condiciones extremadamente restrictivas. La Federación
recibió ciertamente el mismo como un positivo paso adelante, pero hizo patente a la Santa
Sede que semejantes condiciones eran incompatibles con la intención del
indulto. Consecuencia de ello, fue el encargo hecho por el Cardenal
Augustin Paul Mayer - entonces Prefecto de la Sagrada Congregación para el
Culto Divino - al Dr. de Saventhem para dirigir una encuesta a nivel
mundial acerca de la implementación práctica del indulto. La investigación
duró varios meses y el resultado final fue tan convincente que el Cardenal
Mayer obtuvo el permiso del Papa para convocar una Comisión de Cardenales,
a la que se le encomendó evaluar el indulto y sugerir enmiendas. Se
solicitó, entonces, al Dr. de Saventhem que presentara sus propuestas de nuevas
reglas para el uso del Misal de 1962, lo que hizo tras consultar al
Consejo de la FIUV. Sus sugerencias quedaron reflejadas en no pocas de
las normas elaboradas en 1986 por la Comisión Cardenalicia, que llegó a
la conclusión unánime que "las condiciones fijadas en el Decreto "Quattuor
abhinc annos" eran demasiado restrictivas y ebian ser mitigadas" (Carta
del Cardenal Mayer a los Obispos Norteamericanos de fecha 20 de marzo de
1991 - Protocolo Nº 500/90). El 25 de julio de 1996, el Cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la
Congregación para la Doctrina de la Fe, dirigió a la Federación el siguiente
mensaje: "La FEDERACION INTERNACIONAL UNA VOCE ha jugado un rol importante
apoyando el uso de la edición de 1962 del Misal Romano en obediencia a las
directivas de la Santa Sede. Por éste invalorable servicio expreso mi
gratitud a los mienbros de la Federación y les imparto mi bendición". |